11S.Diada 2021

¿Menos asistencia? – Sí, sin duda.

No han pasado ni 24 horas de la “Diada Nacional de Catalunya”. Una jornada que lleva décadas y décadas siendo además de festiva, reivindicativa. Recuerdo de jovencito, cuando aún pataleaba el “Régimen de la Gracia de Dios” que la jornada era laborable como cualquier otro día. Pero era al mismo tiempo, un día que se hacia largo en el que no veías pasar las horas para finalizar el trabajo y salir a la calle para añadirte más o menos tímidamente a la manifestación. Entonces a los uniformados se les conocía como “los grises” y pocos llevaban casco y protección. Eso si; la porra era contundente. Dolía de cojones.
La opinión que se vende en el resto de la Piel de Toro, es que esto es una fiebre, un soufflé en el horno cuyo hinchamiento va a durar lo que dure la cocción. En el mejor de los casos se le relaciona con -y por culpa- de la llegada de la democracia, aunque más generalizada es la opinión de que “el merder” empezó con un señor (Artur Mas) que aprovechó el malestar ocasionado por el manipuleo del “Estatut Autonòmic de Catalunya”

Muy bien; pueden creer lo que les de su real (o republicana) gana, pero el anhelo independentista de una gran parte de Catalunya, sea o no, mal o bien utilizado por las clases políticas, es una energía social que radica en el pueblo, que se canaliza gracias a un tejido asociativo y cultural, que dicho sea de paso es una de las características que hacen rica a esta sociedad catalana y que vive y se alimenta independientemente de las fuerzas políticas y de su color o tendencia.
Ese anhelo, yo ya lo conocí con catorce o quince años, cuando en una excursión por las montañas pre pirenaicas catalanas, un payés nos invitó a merendar y en la reunión, nos explicó los abusos y miserias que su “masía” venía sufriendo desde quien sabe cuando. Nos explicó como cuando se proclamó la Segunda República, su familia tardó más de medio año en enterarse, así que podemos deducir que el anhelo de las gentes de aquel pueblo de casas diseminadas, difícilmente podía provenir de ideologías políticas influenciadoras.
Gozo en pozo que acabó pocos años después cuando en la Guerra Civil, las tropas franquistas requisitaron a tal punto, que incluso se llevaron las campanas de la iglesia. Acabada la contienda, fueron sustituidas por llantas de camión ruso que alguien consiguió. Aún siguen en el campanario.

No han pasado ni 24 horas, decía al comienzo, de la Diada y ya se escuchan voces premonitorias anunciando el fin de los tiempos para el independentismo. “Antropologuillos” expertos, profesionales de las tertulias, politólogos de título auto-otorgado azuzando la matraca.
Puede que el independentismo “político” (es decir; el uso aprovechado que hace la clase política de esa fuerza social) esté divido. Es un hecho. Pero —¿Cómo está el anhelo? ¿Se ha desinflado el soufflé? — No lo creo, no lo siento, no lo veo. Al contrario, lleva camino de mandar a las clases políticas, literalmente, a la mierda. Me atrevo a decir que tiene pinta de radicalidad. Si, porque la “fiebre” es endémica y viene de bastante más antes de antes.

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