Kiyoshi

Llevaba unos días dándole vueltas a la cabeza. Y es que Kiyoshi ya transitaba por la tercera de sus edades. El médico le había dicho textualmente —No mires hacia atrás, céntrate en todo aquello que tienes por delante. Céntrate en el camino que estás recorriendo aquí y ahora.

Kiyoshi, siempre se había recreado en su mundo mental. Le gustaba, a sus 78 años, sumergirse en sus recuerdos y a su modo revivía sus historias de vida, sus amores de juventud, la infancia de sus hijos y otros episodios pasados en los que construía paisajes mentales con una mezcla de verdades e imaginaciones que le hacían feliz.
Ahora, le decían que se centrara en su momento presente y que no mirara hacia atrás. Según su terapeuta eso le ayudaría a fijar mejor los eventos de presente en su mente que ya comenzaba a mostrar signos de una incipiente demencia.

Kiyoshi, quizás por eso, decidió que debía visitar a su hermana Hiriko y pasar con ella el invierno que se acercaba. Al fin y al cabo, ella también vivía sola y en repetidas ocasiones le había pedido, casi suplicando que por los menos pasaran juntos, las estaciones mas duras.

La autopista E17 le llevaría desde Numata hasta Sakado; un pueblo ahora ya absorbido por la metrópolis de Tokio.
El tráfico es intenso en esa autopista, especialmente a las primeras horas de las jornadas y Kiyoshi conduce una furgoneta corta, muy típica de los automóviles populares japoneses. Apenas tiene morro en su parte delantera y detrás acaba bruscamente de forma vertical.
Todo fue muy rápido. Aquella moto ocupaba el carril. Había que adelantarla y eso hizo. Un golpe seco desde detrás lo devolvió al carril y se llevo la moto por delante. Salió rebotado de nuevo hacia la izquierda y esta vez el golpe fue definitivo.

Al parecer no entendió bien las indicaciones de su médico. En su mente afectada, no mirar hacia atrás, incluía haber anulado los retrovisores de su vehículo.

2 comentarios sobre “Kiyoshi

  1. En el camino por el que vamos, suceden cosas, que no siempre controlamos aunque se tenga la mejor intención. No es posible controlar todo, ni siempre.
    Has narrado el viaje de Kiyoshi, con tanta sencillez y realismo, que parece casi natural, transitando a la vez por la tercera de sus edades y el tráfico de las primeras horas, por la autopista de la gran ciudad, cualquier pequeño descuido, puede adelantar la llegada.
    No sabemos cómo ni cuando, y tampoco el por qué, pero sucede. Kiyoshi es, como nosotros un viajero del tiempo. Un abrazo y un recuerdo para él, aunque no lo conocía, y en la otra parte del Mundo éramos coetáneos.
    Un abrazo, Ricard.

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    1. Pues para los que hemos sido relativamente despistados a pesar de habernos concentrado en el presente no te cuento el riesgo que corremos. Ya no sabe uno qué hacer que no haya hecho (o malhecho) Viajeros del tiempo somos, desde luego.

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