El hogar de las campanas

Hoy he sentido una curiosidad.
De niño , vivía relativamente cerca de este campanario. Lo suficientemente cerca como para que el sonido de las campanas fuera lo suficientemente fuerte como para no pasar desapercibido, incluso sin fijar el oído. Las horas y los toques estaba omnipresentes en el día a día, hora a hora. Recuerdo que muchos días alguno de sus toques, era lo primero que escuchaba al despertar. En otras, era el canto de las monjas del convento vecino al seminario de la ciudad (Girona).
En especial una de las campanas, la llamada la Beneta (“Bombo” a nivel popular. Hace poco hablé de ella.) de sonido grave como le corresponde a una pieza que pesa algo más de cuatro toneladas y que es toda una veterana ya que al parecer nació (fue finalizada) en el año 1574.
Ese sonido forma parte de mi activo memorístico. La puedo oír simplemente fijando mi atención en los archivos de mi memoria, quizás ayudándome del acto de cerrar los ojos.
Pero bueno, hablaba de una curiosidad y se trata de que quería saber la distancia exacta entre la campana y la ventana de mi dormitorio infantil. Así que he abierto esa maravilla de programa informático que se llama Google Hearth, y he usado la regla. El resultado es 305 metros.
Como curiosidad añadiré que hay un hotel que lleva años metido en pleitos para conseguir que las campanas dejen de sonar por la noche. No lo consigue. Con la Iglesia hemos topado (y con la muy conservadora sociedad gironina). El hotel está a solo 45 metros.

2 comentarios sobre “El hogar de las campanas

  1. El sonido de esa enorme campana, tiene que llegar muy lejos. 300 metros para para un sonido emitido por una campana de 4 toneladas, es muy poca distancia. No me extraña que siga retumbando dentro con solo cerrar los ojos.
    Con el tiempo, no solo la hostelería, tiene sus derechos, y el sueño de los ciudadanos que tienen que descansar, deberían suprimir el toque de campana, llegando a un acuerdo, ayuntamiento, comercios, vecinos y la iglesia. En otros lugares se ha conseguido. Por lo tanto es problema de voluntad, salud y economía, no de historia.
    El coro de las monjas es otra cosa.
    Un abrazo.

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