¿Quién abrirá la puerta?

Angustiado por la carga del sufrimiento me encamino al encuentro del Ser. Un toque de campana tañido con mucha humildad quiere llamar la atención de las Almas Grandes. Les suplico que amplifiquen mi llamada al Absoluto.
Perfumo el centro de mi frente simbolizando la atención que mantendré constante y dispuesta a la escucha. Enciendo el fuego en un sándalo para simbolizar la Energía Original que posibilitó el Universo manifiesto.

Lavo mis manos con el agua que circula en esta tierra y que juntas son el soporte de mi actual forma de vida. En la paz del momento recojo mis manos y piernas en el sello de la unidad, disponiendo mi espíritu a la escucha del murmullo del Cosmos; la música del silencio.

Nadie me dirá como. Nadie me dirá cuando. Ni en que forma ni en que modo, pero cuando cierre los ojos, emprenderé el camino de vuelta a casa. Y en esa oscuridad, a lo lejos una tenue luz de un azul índigo cada vez más brillante, parece querer indicar el camino. Pero no la seguiré; también ella quedará atrás.

Bramido inciertos, ruidos fantasmales y vibraciones angustiantes pretenden que pierda la paz y el sosiego que me envuelven, pero consigo retornar a mi centro simplemente respirando en el pronunciamiento mental de que “yo soy”

Y de ese modo, al poco tiempo, la humedad del perfume sobre el centro de mi mente recibe un soplo refrescante. Es como un bálsamo sanador. Es una sensación de reconocimiento que inunda de luz el habitáculo oscuro, limitado y temporal que estaba albergando una consciencia que ahora se expande sin freno. Cada vez más lejos, cada vez más profundo, cada vez más allá. Dentro y fuera han perdido el sentido. Arriba y abajo, centro y periferia son la misma cosa y todo se integra en el Uno todo y el uno que era principio, está en el uno del final…
Después, me siento llegar al umbral de la casa. Siento la frescura de la sombra en el porche, pero… ¿Quién abrirá la puerta?

De unas notas en un retiro de meditación en 1984

3 Comentarios

  1. Ricard, unas notas en un retiro de hace 36 o 37 años, sobre la vuelta a casa y la pregunta de quién abrirá la puerta…, me parecen normales, creo que la mayoría, alguna vez, nos las hemos hecho. Incluso los místicos, los sabios, los poetas, hablan de ello.
    Pero sobre todo quienes han vivido situaciones cercanas a la muerte. Suelen referirse a entrar en el túnel de luz, en la luz, en una sensación de paz, de consciencia distinta de la actual, de posibilidad de ir más allá o decidir volver, pero sin miedo a la muerte, incluso algún o algunos seres queridos conocidos, están acerca para guiar o dar el paso.
    Los recuerdos, después de tanto tiempo pueden inquietarnos.
    Personalmente, sé que estoy cerca de ese paso, ese encuentro, pero -con ser un misterio- tengo confianza. “Yo Soy”, es vida. La muerte no existe.
    Un abrazo.

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  2. Perfecto como recordatorio literario de unos momentos, pero sinceramente, en lo que a mí respecta, no me preocupa en absoluto quien abrirá esa puerta final.

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  3. El texto es impecable e imponente. Casi me haces que me identifique. Se llame la motivación espiritualidad o como se quiera me parece que todo lo que sirve es útil (redundancia necesaria) y viceversa. Aunque sea para retornar a un origen improbable. Si es que la nada es un origen. Pero demos por buena la experiencia vital, con sus más y sus menos, y el accidente biológico -con toda su parafernalia cultural- que cada cual juzgue si le mereció la pena. El texto, ya te digo, colgado quedo de él.

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