EL PASO DE LOS HEBREOS POR EL MAR ROJO

A raíz de un amable comentario sobre el escribir relatos/microrelatos/ o relatos encogidos, se me ha ocurrido “re-editar/re-publicar” algunos que en su día parece que gustaron (un poquitín… no vayas a creer ahora tu, que…) De vez en cuando aparecerá alguno. Gracias por vuestra considerable paciencia.😉︎

Paso de los israelitas por el Mar Rojo. Éxodo 13,17-14,31 Erik Hasselberga*

Realmente se trataba de un grupo bien heterogéneo. Multicolor, de diferentes estilos. Algunos de los hombres vestían camisas multicolores que junto con sus pantalones cortos les daban un cómico aspecto dada la blancura de sus piernas y la delgadez de sus muslos. Otros, más jóvenes con su pelo largo, negro y lacio ofrecían una imagen un tanto feminoide. Esta sensación de imagen andrógina que mostraban los varones jóvenes, disminuía un tanto cuando uno de ellos estaba al lado de una autentica mujer. Entonces el contraste era más evidente y se les distinguía mucho mejor. Bolsas, mochilas, auriculares en los oídos, teléfonos móviles y entre los más mayores, ese extraño aparato, cada vez en mas desuso que conocemos como “máquina de fotos” (cámara, para los más leídos). Y bien digo que eran heterogéneos y variados y también distintos, pero en honor a la verdad, daban la sensación de ser como un grupo de estorninos bailando en la puesta de sol, apretados y moviéndose a la par, pero sin tropezarse los unos con los otros. Es decir, que a pesar de todo, tenían algo en común: eran… japoneses!!!  
Él, tieso como un poste de teléfono era alto, un poco calvo, con cara de idiota, gafas gruesas cuyo puente resbalaba por su nariz cada vez que el dedo índice de su mano derecha las subía más cerca de las cejas. Frente calva y pelo bien peinado, pero asquerosamente engominado. Voz de tenor, porte universitario. Camisa blanca, pantalón azul marino y una chapa en el bolsillo de la camisa que me recordaba a un mormón en plena caza de potenciales e ingenuos creyentes. Era el guía del museo de arte moderno. Museo de cuyo nombre, lógicamente, me acuerdo, pero no quiero mencionar para que no se me enfade nadie, dado que esto es un relato de ficción ( o no)   El grupo paró frente a un cuadro de dimensiones miserables y con un marco marrón oscuro (me jode, pero es conocido como “pardo”) y que le daba una apariencia de esquela mortuoria, la verdad, poco agradable. Yo diría que serían unos trece por dieciocho centímetros, uno más uno menos. El guía carraspeó, miro fijamente al grupo y en un inglés previamente pactado dijo:
Señores! están ustedes contemplando la obra principal del gran fotógrafo sueco Erik Hasselberga* gran especialista en temas relacionados con Israel. Como fácilmente pueden observar se trata de una inmejorable representación del episodio bíblico de paso del pueblo de Israel cruzando el Mar Rojo  
Su brazo derecho extendido señalando el cuadro en la pared, invitaba a la observación. Sus palabras motivaron algunas expresiones de admiración (el típico “oh!” en japonés, de uso común y sinceramente, creo que fingida) seguidas de un cuchicheo susurrante fruto de diálogos en el interior de grupo de los turistas nipones. De ese interior apareció una señorita que aunque tenía unos dieciocho años, calculo, su forma de vestir le daba una inconfundible apariencia de “Lolita”. Falda a cuadros, camisa ceñida, trenzas con lazos amarillos y calcetines hasta las rodillas.Braguitas blancas con encajes.

  —Señor, no podemos entender muy bien el cuadro. Puede indicarnos dónde está el Mar Rojo—preguntó la señorita con una voz aniñada muy acorde con su apariencia.
 —Es que el momento preciso que recoge el cuadro es cuando Moisés separó las aguas apuntando con su cayado.La textura que pueden observar no es otra cosa que el fondo marino—   Contestó mientras se recolocaba sus gafas por su nariz deslizante. Contestación que momentáneamente pareció satisfacer al grupo, hasta que de nuevo la falsa niña, tras hacer una reverencia y levantar el brazo, inquirió de nuevo al guía:
Pero señor, tampoco sé encontrar el lugar donde ver a los israelitas…
—Debe usted comprender que en una situación como aquella, el pueblo hebreo, se dio mucha prisa en cruzar y en el momento que se recoge aquí, ya habían cruzado
En ese preciso instante se pudieron ver tres reverencias al uso, perfectamente coreografiadas, pero uno de los reverenciantes -el mas descarado, sin duda- tomó su turno de pregunta y lanzó su dardo envenenado:  
—Señor, tampoco puedo ver los ejércitos de faraón con sus carros, porqué no se representan?  
No se representan porque aunque estaban cerca, aun no habían llegado a la escena de este grandioso episodio… respondió alzando un poco la voz al mismo tiempo que pensaba que aquellos monos amarillos no entendían ni una mierda de arte conceptual. Se empezó a calentar cuando vio que un grupo de mayores fotografiaba muy de cerca el cuadro y se fijaban en una especie de sombra rectilínea que se veía en la parte inferior. Alguien preguntó:
—Y esta cosa oscura que se ve en la parte inferior, que cosa es?
Se trata de la sombra del cayado de Moisés que en este preciso instante se dispone a cruzar.

En estos momentos el grupo ya había perdido un tanto la disciplina y tanta incógnita acrecentó aún más su curiosidad y por eso se acercaron mucho más al cuadro. El guía ya empezaba a preocuparse cuando la Lolita disparó la más inquietante de las preguntas:
—Señor, señor! quisiera saber qué son estos dos curiosos puntitos negros al lado de la firma.
El guía pidió que los más próximos se apartaran y se agachó, sin inclinarse, flexionando sus rodillas en una posición bastante ridícula mientras se sujetaba las gafas a la altura justa del puntito. Se le veía nervioso y miraba y remiraba el cuadro. Incluso sacó una libreta de apuntes, que volvió a esconder en su bolsillo. Era evidente que lo estaba pasando mal. De pronto recompuso su postura, cruzó sus manos por detrás sobre sus nalgas y con la frente bien alta y en una postura bien digna y autoritaria dijo:
Señores y señoras, mucho me temo que estamos ante una situación imprevista. Dado que no veo relación alguna con el episodio bíblico y tras haber analizado los puntitos, debo decirles con pesar que se trata, con casi total seguridad, de la defecación de algún insecto, posiblemente un díptero braquícero de la familia de los Muscidae que conocemos con el popular nombre de mosca y que supongo también abundan en su país de soles nacientes
Y mientras observaba los ojos abiertos de los nipones, añadió: _Ruego disculpen el desagradable inconveniente. Se secó el sudor.
La gente del grupo insistió en hacerse unas cuantas selfies al lado de la mierda de mosca. ⇹

* Erik Hasselberga: Por Dios! ni se te ocurra buscarlo en Internet. Es más falso que un duro sevillano.

4 comentarios en “EL PASO DE LOS HEBREOS POR EL MAR ROJO

  1. Qué divertido. Muy bien traído lo del fondo del paso del mar Rojo (vaya cuentos bíblicos nos han contado, ¿eh?) Aunque reconozco que estaba esperando más preguntas de la falsa-niña-lolita, tan observadora como incisiva, no sé si también canina. Los guías o cuidadores de salas de los museos tienen su punto de funcionarios del antiguo régimen. Siempre tan pendientes de que extrememos nuestras precauciones. El que tenga dotes escribientes podrá hacer un retrato de los visitantes magnífico. Yo siempre tengo sensación de incomodidad, pero es tan subjetivo…

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  2. La importancia de unas controvertidas muestras del paso de unas moscas en una obra de arte, seguramente sin ellas la obra en sí carecería de importancia.

    Saludos.

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