Veni, vidi, vici (microrelato)

Venimos demasiado cansados, me dijo aquel joven sargento.
Era una advertencia y una protesta al mismo tiempo y tenía mucha razón. Habían sido doce interminables jornadas cruzando aquella inmisericorde estepa helada. Cargados con la munición, el armamento y con la sola ayuda de unas cuantas mulas famélicas, caminábamos como fantasmas.
Al atardecer buscábamos el cobijo de los árboles en la linde del bosque y allí improvisábamos algo parecido a tiendas de campaña, rotas y demasiado frágiles para estar en campo abierto.
Pero finalmente llegamos y en el otro extremo de aquel enorme campo nevado, seguramente alguien advirtió a su mando. —Mi capitán; han venido. Ya están aquí.

¿Los estáis viendo? —les dije a mis suboficiales— Realmente son más de los que esperaba pero no parecen bien armados. Debemos tener fe en nuestras posibilidades. Hemos venido, hemos visto, solo nos falta el último tercio: Vencer.
Desde luego la mirada del joven sargento decía mucho de su incredulidad. Mi arenga no parecía insuflar ni un ápice de esperanza, confianza o coraje. El silencio era como una bofetada. Sus compañeros miraban la tropa con desespero, pero yo seguía mi discurso tratando de activar unos ánimos que seguramente se habían quedado atrás, días antes.

Al día siguiente, cerca de un centenar de cadáveres yacían en aquel campo. Milagrosamente mi herida en el muslo izquierdo no había desgarrado ninguna arteria, pero seguramente me dejaría cojo para el resto de mi vida, si es que quedaba resto.
El joven sargento, había perdido tres dedos de su mano izquierda. Fue desgarrador escucharle:
—Por favor, mi capitán. Cállese y métase a Julio César en su puto culo, porque la tercera parte de su enardecedora frase se la han quedado para ellos estos bastardos que nos van a joder la vida. Debería usted saber que las batallas no se ganan con citas.

4 comentarios en “Veni, vidi, vici (microrelato)

  1. Y es cierto lo que decía el joven oficial. Un batallón cansado, sin ánimo, sin confianza, no necesitaba grandes frases del pasado. Unas palabras directas, empatizando con el ánimo de sus hombres, nacidas desde dentro, habrían calado más hondo en sus hombres.

    Creo que es el primer microrelato que te leo. Eres una cajita de sorpresas; de agradables sorpresas.
    Un beso.

    Me gusta

  2. Es corto el relato… y hasta la cita puede acortarse. “Veni , vidi y…hasta aquí llegamos”. El cansancio infringe la primera derrota sobre el valor y las fuerzas. Los ánimos difícilmente se reponen ni con arengas ni con historias. Sobrevivir ante el desastre deja además de heridas, maltrecha el alma. El milagro se graba a fuego en la memoria, aunque las heridas puedan cicatrizar, parcial o totalmente, recordarlas será para estar agradecidos.
    Un saludo.

    Me gusta

Tu opinión importa:

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s