El cuervo

El cuervo William Giles(British, 1872-1939)

En la historia que relata la lucha por el control del trono de hierro desde el que se gobiernan los Siete Reinos del continente de Poniente, en la obra a modo de epopeya llamada Canción de Hielo y Fuego, los mensajes a largas distancias no son enviados mediante palomas mensajeras, sino con cuervos.
¡Enviad con presteza un cuervo! ordenaban los gobernantes de las casas de Targaryen o Lannister, ante cualquier eventualidad que requiriera ponerse en contacto con alguien…

La noche en que Perseverance llegó a Marte, y sin que nada tenga que ver el evento espacial, tuve un sueño en el que recibí el mensaje de un cuervo. Un cuervo negro que graznaba desde el mástil que soporta las antenas sobre el tejado de mi casa. Se agitaba como si estuviera ansioso o quisiera llamar la atención saltando entre los brazos de las antenas y aleteando de vez en cuando. Sus graznidos eran cada vez más estridentes y yo no sabía que hacer. Se me ocurrió la más inverosímil de las ocurrencias posibles: preguntarle que quería. En el sueño, era una mañana tormentosa con un cielo plomizo de aspecto amenazante. A lo lejos, se podían ver destellos por encima de las nubes provocados por relámpagos en las partes más altas de oscuras nubes que escondían el núcleo de la tormenta.
Obviamente el cuervo, no contestó o si lo hizo no llegué a entender su grazna. Tampoco pude entender como, a pesar de que se dice que son muy “inteligentes” pudo desatar el cilindro de caña que llevaba sujeto en una pata. Pero lo soltó y el pequeño artilugio cayo entre las inclinadas tejas hasta llegar a la canal que recorre el borde del tejado. Tan concentrado estaba en ver hasta donde llegaba el objeto, que no pude ver como el pájaro alzaba el vuelo y desaparecía.

Mi trabajo tuve para, mediante una escalera poco fiable, levantar mis más de 100 kilos de humanidad y recoger el mensaje. Y a pesar de que estaba en pleno onirismo, no recibí ayudas desde los planos astrales. Y para más desconsuelo, el mensaje no tenía remitente y solo contenía una frase que más bien era una sentencia:

Solo te queda un tiempo. Y es suficiente. Un tiempo para no perderlo.

Llevo desde entonces, reflexionando, meditando y preguntando(me) sobre el significado y sobre todo, sobre el hecho de no saber del remitente. Quizás en otro sueño, con otro cuervo, otra noche de acontecimientos espaciales, quizás cuando lleguen las muestras que recoja Perseverance. O quizás, mi tiempo, no sea tanto.

5 comentarios en “El cuervo

  1. Muy bueno. Si señor, me ha gustado.
    Yo creo que a todos solo nos queda un tiempo, el de cada uno y en nuestras manos está en aprovecharlo o no. Yo creo que tú lo haces de sobra.
    Eso del cuervo… muy bueno.

    Un beso.

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  2. Aunque el remitente sea un enigma, el enviar un cuervo y que acierte a dejar caer el mensaje del tiempo, que se deslice hasta el canalón y que encuentres a tientas , en sueños, la escalera, para encaramarte y recogerlo…tiene nodos los visos de los enigmas de Pompeya, que nuestro amigo Frank, interpreta con la pericia de un experto. Tal vez haya que preguntarle para aclarar cuanto abarca el tiempo, de que se habla. Me viene ahora a la memoria que también Santiago Porteguillo, un experto en todo lo que concierne a los romanos. Lo digo como alternativa.
    Aunque, la última frase: “un tiempo para no perderlo”, tal vez no permita mucha investigación. En todo caso, haber disfrutado de los grandes acontecimientos, como la llegada a la Luna, la estrella de la conjunción de los dos planetas, el amartizaje del Rover Provicendece, o el mas cercano 14F, seguirán dando mucho juego. Y sino, ¡al trempo!
    ¡Cuídate!

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    1. Muy bueno, así de simple y sincero te lo digo. Me ha cautivado el enigmático relato. Otra cosa es que haya que creer en la expresión de los designios velados. Podemos retorcer el lenguaje. “Solo te queda un tiempo”. ¿De partido, de realizar algo que tienes entre manos, de amor, de ponerte a régimen (jaj), etc.? Todo es más plural y quiero pensar que nos quedan tiempos, o un tiempo sin el UN. Por supuesto que a ciertas edades el margen de ser eternos (ríe de nuevo) es más reducido. Pero ¿tenemos menos tiempo que otro de edad más juvenil? Bien y qué me dice mi otro yo. Y si hay un tiempo singular que nos prepara la cama eterna (vuelve a carcajear) a la vuelta de la esquina, ¿qué? A mí el tiempo que más me fastidia que me quede es si se trata de un tiempo de sufrimiento, de incapacidad, de privación o de locura. Anda, seguro que la anilla del cuervo se desprendió porque había adelgazado el animal. Pero qué bueno el relato, qué idea tan bonita. Por los tiempos que nos quedan. Mira hoy se cumplen 82 en que el gran Don Antonio se quedó sin tiempos. 64 años tuvo de vida y un final agónico por mor de los bárbaros conspiradores que vencieron.
      Salud y tiempos apacibles, hermano.

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