Fotografía, Personal, Sin categoría

Nostalgia

Estos días la nostalgia me pincha en el alma. Y solo han pasado dos meses y medio desde mi última visita a mi querida Girona.
Cuando decidí trasladarme al pueblecito de Sils, la idea era que el traslado no suponía un alejamiento de la ciudad, porque tanto por la poca distancia como por los medios de transporte al alcance, era lo más parecido a situarse en un barrio de las afueras.
Desde mi casa en el pueblo hasta el centro de la ciudad, me separan mas o menos 15 minutos.
Parece increíble que un maldito y microscópico artilugio biológico cuya secuencia genómica no llega a las 30.000 letras, pueda desbaratar a todo un planeta, al punto de que son incontables los que morirán sin haber sido siquiera infectados.
En el actual estado de las cosas, Girona me parece lejana y esa sensación tiene una carga psicológica que me afecta mucho más de lo que pudiera haber imaginado.
Perdonad la expresión, pero es una auténtica putada que en los años que conforman los capítulos finales de una vida, no puedas, mientras la salud aún lo permite, disfrutar de esas pequeñas cosas, que no por pequeñas son menos importantes.
En la foto podemos ver una parte del llamado Passeig de José Canalejas, con esa barandilla de piedra artificial a moldes, que lleva ahí unos 90 años. Es el “mirador” por excelencia para la toma de fotos de las casas asomadas al rio Onyar y que conforman una de las imágenes mas icónicas de la ciudad.
A continuación una imagen de 1930 que vendría a ser el lugar que el fotógrafo tenía a su espalda en la primera foto. Una foto ésta que habría estado tomada desde alguna de las casas mencionadas:

Esperemos que estos confinamientos que no nos permiten salir del municipio acaben pronto. Tanto mis cámaras, como mi laringe voz, se están atrofiando.

3 comentarios en “Nostalgia”

  1. No sabes como te entiendo: me pasa lo mismo con Benicassím, tan cerca y tan añorado. !No sabes como deseo dar un paseo por su playa!.
    Un abrazo.

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  2. Te comprendo perfectamente Ricard, un año y un poco más, ha hecho que cogí la jubilación anticipada a la que tenía derecho, y pensaba que podría pasar grandes temporadas en mi querido rinconcito de los Caños de Meca, a apenas media hora de mi casa, y algún que otro viajecillo que tenía muchas ganas… y ya ves, para un año de confinamiento vamos.
    Se hace duro, muy duro.
    Un beso.

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  3. Lo dices tan sensata y tan amablemente que más que un grito interior tu descripción es pura historia. ¡No sabemos hasta cuando, pero la ausencia de las pequeñas cosas, deteriora! Esas casas asomadas al río y la baranda para contemplar y hacer la foto, te tienen muy cautivo. Recordarlo desde la otra orilla, aunque sea de hace años, también tiene su punto, de nostalgia y aprecio de la evolución y el cambio. Ni el agua, ni el rio, con estar ahí, son lo mismo. ¡No hace falta que nos lo recuerde el viejo Heráclito: “Todo fluye, somos y no somos”! Pero nos vamos haciendo conscientes, o tal vez mayores, o más bien las dos cosas .
    Un abrazo.

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