Sociedad

Hikikomori: mejor prevenir que curar

Te estás transformando en un “hikikomori”…?
Espero y deseo que no, porque no es un escenario agradable, no es nada halagüeño ni nada deseable. Y el actual caldo de cultivo con tantos meses de distanciamiento social, de movilidades restringidas y las consecuencias psicológicas que ya empiezan a verse proliferar en nuestra sociedad, pintan un panorama previsiblemente malo.
Siempre ha habido “hikikomori” tanto en Japón que les ha dado nombre, como en el resto del mundo. Nuestra sociedad y nuestra forma de vida de por si con una jeraquía de valores trastocada, es la que hace posible que los individuos tengan cada vez menos amigos y los sustituyan por los “supuestos amigos virtuales”. Se sienten satisfechos con tener 500 amigos en Facebook y una lista de contactos en Whatsapp que no tiene relación con los amigos presenciales con los que se relaciona en su vida.
En su jornada, enviará un buen numero de mensajes, memes, saludos y diferentes acciones baladís. En cambio, será incapaz de saludar a sus vecinos en el rellano de la escalera.
Y ahora con la pandemia que nos ocupa, el aislamiento se ha multiplicado

Pero… ¿Qué es un hikimori?
Hikikomori ひきこもり significa literalmente apartarse, estar recluido; y es el término adoptado por la sociedad japonesa para referirse al «aislamiento social agudo». Se refiere al fenómeno social consistente en personas apartadas que han escogido abandonar la vida social; a menudo buscando grados extremos de aislamiento y confinamiento, debido a varios factores personales y sociales en sus vidas. En Japón, suele afectar a más hombres que a mujeres.

El término se usa tanto para referirse al fenómeno sociológico, como a las personas que pertenecen a este grupo social. En la terminología occidental, este grupo puede incluir a individuos que sufren de fobia social o problemas de ansiedad social. Esto también puede ser originado por agorafobia, trastorno de personalidad por evitación o timidez extrema. Y ahora podemos añadir el temor al virus y la Covid.

Mientras que algunas personas sienten presión por parte del mundo exterior, y padecen agorafobia o fobia social, un hikikomori reacciona con un completo aislamiento social para evitar toda la presión exterior. Pueden encerrarse en sus dormitorios o alguna otra habitación de la casa de sus padres durante periodos de tiempo prolongados, a menudo años. Normalmente no tienen ningún amigo, y en su mayoría duermen a lo largo del día, y ven la televisión o juegan al ordenador durante la noche.

El aislamiento de la sociedad normalmente comienza de forma gradual, antes de que el hikikomori cierre con llave la puerta de su habitación. Suelen acumular basura a su alrededor, en especial de la comida instantánea o a pedido que consumen. A menudo se encuentran tristes, pierden sus amigos, se vuelven inseguros, tímidos y hablan menos.

La mayoría de los hikikomori mantienen contacto con el mundo exterior solamente mediante el ordenador, la televisión y los videojuegos en línea. Sin embargo, en casos extremos, el hikikomori puede cerrarse incluso a esto y permanecer horas y horas sin realizar actividades de interacción o apreciación social en absoluto.

Podríamos hablar más sobre este fenómeno. Podríamos analizar como reaccionan los padres cuando el sujeto es joven, podríamos analizar que efectos produce este aislamiento y como de difícil es la recuperación y cual es el tratamiento, pero sería largo y además prefiero centrarme en lo que -por lo menos a mi- me interesa más.

En el actual estado de cosas, con un virus peligroso y que a muchos nos puede matar más indirectamente que directamente a consecuencia del deterioro que supone la carga en los sistemas de salud, cuando no -a otros- los matará de hambre, ese temor es propiciado por el constante bombardeo de noticias y se suma además la sensación de que los gestores de la pandemia, los políticos y hasta cierto punto los portavoces de las autoridades sanitarias, están más vendidos que las lechugas del mercado. El resultado es un temor acrecentado que propicia y mucho el fenómeno del aislamiento, llámalo “hikikomori” o “tío raro” si quieres, pero tenlo presente; es una realidad.
Empezamos a ver presenta la paradoja de que mientras unos intentan constantemente “escaquearse” de las normas restrictivas, saltarse los confinamientos perimetrales, municipales o los que sean, otros se aíslan incluso más de lo que se les pide.
Mucho cuidado! Porque sabemos que somos animal de costumbres y nos apegamos a los hábitos y costumbres con demasiada facilidad.
Seamos prudentes, pero no nos convirtamos en anacoretas. Debemos esforzarnos en mantener viva nuestra actividad social a pesar de las restricciones. Un solo ejemplo:

Déjate de Whatsappeos… llama a tus amigos, queda con ellos para dar un paseo al aire libre. Las cafeterías están cerradas, pero tu te llevas un termo con café y con esa iniciativa, verás como le brillan los ojos a tu amigo/a.


Somos seres sociales y la salud, nos va en ello. Intentemos no añadir más enfermedades sociales a las que ya desgraciadamente tenemos.

5 comentarios en “Hikikomori: mejor prevenir que curar”

  1. Yo vivo este aislamiento con escasa angustia. En casa convivimos tres generaciones desde mis hijas a la abuela, además de mi mujer. Y una vez a la semana salgo a hacer una caminata, aun saltándome el aislamiento municipal, de veintitantos kilómetros. Voy solo por el bosque o la montaña así que no considero que sea un peligro para nadie. No leo noticias así que no me angustian ni los avatares políticos que desconozco ni las que versan sobre el virus al que personalmente no tengo miedo: tomo precauciones pero no me inquieta demasiado, puede que me equivoque. Mis amigos viven fuera de Cornellà y no se atreven a quedar si hay que cruzar municipios.

    El drama de los hikikomori es tremendo, afecta sobre todo -creo- a jóvenes. La vida en Japón es muy solitaria para los varones que no tienen relaciones afectivas por muchos motivos. Hay mucho sexo virtual pero poco real, el número de solteros es gigantesco, las relaciones humanas en todos los sentidos son complicadas. Es una sociedad muy exigente académica y laboralmente y eso lleva a una fatiga y un estrés crónico. Cuando pienso Japón veo que es una sociedad muy avanzada pero desoladora en cuanto a relaciones sociales. Es posible que cada vez nos parezcamos más a ellos. Nuestro tipo de vida mediterráneo nos hace ser más sociales. Nos gusta estar juntos y eso me parece bien. Es sano.

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    1. Miedo al virus, tampoco tengo. Si, a las consecuencias que está comportando. Sin entrar en detalles que no interesan, pero la sensación de estar abandonado en cuanto a otras dolencias que me acompañan, eso si está presente y es real.
      Respeto hacia el virus, también. Como dice una buena amiga enfermera: Nada como ver a los enfermos en una UCI, para orinarse encima.

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    1. Juan, dices: “los que como yo”. Bueno, somos tantos. Soy más joven que tu (o menos veterano) pero también me estoy quedando solito en este camino. Pero lo que no haré, es quedarme en casa mirando al techo, ni tampoco dedicando al ordenador más horas por ese motivo. Espero que tu también hagas lo mismo.
      Cuando llegue el momento de apagarnos, dudo mucho que sintamos pena por no usar el ordenador o por la televisión o el techo de casa. Sentiremos la emoción de la despedida, por el sol, el olor de la hierba, la caricia del viento y las palabras amigas. Así que, disfrutémoslas.

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  2. ¡Cuanta sabiduría vital refleja tu amable comentario! Yo también creo que los “hikikomori”, en el mejor sentido “anacoretas” en sentido más vulgar, misántropos, -que buscan el aislamiento o la soledad, aún viviendo en compañía. La situación actual de temor a las noticias, al contagio y las ordenanzas de quien -desde la alcaldía, o poderes autonómicos o estatales- decreta confinamientos que restringen libertades, pueden prestarse a neurologías de este tipo o su contrario, aunque los cierres de hostelería y demás, nos afecten de algún modo a todos.
    El apunte vital de llamadas, salidas, y conautocafés peripatéticos con algún amigo o amiga o muy limitados, deberían ser una terapia no solo compartida sino fomentada.
    La gente, con tanta presión, debería ser capaz de apagar los telediarios o buscar alternativas, apara no terminar en el psiquiátrico.
    Haber conocido mundo te ha hecho sabio, y capaz de ofrecer un servicio de ayuda o autoayuda,(remunerada o no) según circunstancias y acuerdo. La Universidad de la Vida, también Doctora, aunque no se valora o no se valore.

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