Fotografía

Hill & Adamson

Asamblea fundacional Iglesia escocesa 1843. (Hill & Adamson)

David Octavius Hill nació en Perth (Escocia) el 20 de mayo de 1802. Y aunque no es precisamente una figura popular y demasiado conocida, los que sentimos interés por la historia de la Fotografía lo consideramos el padre del Retrato Fotográfico, ya que en aquella época temprana para la Fotografía, fue el primero en practicar la disciplina fotográfica que tiene como eje central la plasmación de las cualidades físicas y morales, el rasgo de carácter de la persona o personas que muestra.
Hill era pintor de formación. Y como tal retratista “de pinceles” no sintió rechazo por la recién nacida técnica fotográfica, sino que muy al contrario, bien pronto sintió fascinación por la misma.
Sagaz e inquieto supo estar al corriente de las novedades y muy pronto descartó las técnicas de daguerrotipo que solo ofrecían una imagen única y directa y apostó por el calotipo que William Fox Talbot acababa de desarrollar muy recientemente. Esta técnica hoy día la consideramos como la auténtica predecesora de lo que posteriormente sería la fotografía moderna (química, también denominada analógica). Se basaba en sensibilizar un papel, impregnándolo de nitrato de plata y ácido gálico que después de ser expuesto a la luz era “revelado” de forma muy semejante a como hemos venido haciendo con los carretes hasta la llegada de la era digital. Hay que entender que el papel que se obtenía ofrecía el “negativo” de la imagen. Luego a partir de él se obtenían tantas copias positivas como hiciera falta.
El acierto de Hill fue apostar por esta técnica, incluso para el retrato (además del paisaje y arquitectura) pues por regla general, se utilizaba el daguerrotipo que como hemos dicho antes, ofrecía una sola imagen sobre un soporte metálico.

En la vida de Hill se introduce otra figura histórica: Robert Adamson. Dos décadas más joven, pero igual de inquieto, también escocés. Deciden asociarse para crear el que fue el primer estudio de fotografía profesional en Edimburgo. A partir de ese momento Hill, vuelve un poco a sus orígenes de pintor, se libera en cierto modo de la práctica fotográfica que deja para su socio y él se dedica a lo que ahora nos parece increíble pero que en aquel tiempo formaba parte del proceso: “Acabar los retratos (y también los paisajes, etc.) con el indispensable “retoque fino” a base de pinceles y lápices. Y sobre todo, el apasionante mundo de “cromatizar” las imágenes añadiéndoles colores.
El tándem lamentablemente duró poco puesto que Adamson murió unos cuatro años después. Hill, prácticamente abandonó la fotografía y se volvió a centrar totalmente en la pintura, pero su gran aportación ya estaba hecha. Fueron fuente de inspiración y los estudios fotográficos profesionales, también conocidos como Galerías de Retrato, empezaron a proliferar.
Yo mismo, fui un hijo de esa idea y tuve mi propio estudio entre 1980 y el año 2000.

Uno de los trabajos más remarcables de Hill & Adamson, fue el encargo que la recién nacida Iglesia Escocesa, les propuso tras la separación de la Iglesia inglesa (anglicana) en 1843. Se trataba de reunir y representar en un cuadro los 474 ministros de esa iglesia que formaron parte de la Asamblea Fundacional. Para ello Adamson realizó más de 1500 calotipos, hasta que finalmente enfermó y murió, y que luego Hill usó para pintar el celebre cuadro. No consiguió finalizarlo hasta 1866.
Hill, se permitió alguna licencia con el cuadro. La más remarcable es que añadió a su socio y amigo Adamson, entre los ministros eclesiásticos, sosteniendo su cámara. Os podéis entretener en buscarlo. No es difícil.

2 comentarios en “Hill & Adamson”

  1. Gracias por poder conocer más de tan bella y artística profesión. Leerte, significa tener la certeza de que vas a terminar sabiendo más de algo.Seguro que en tu vida, como buen fotógrafo, tampoco te has conformado con “la primera toma”. Esa inquietud, ese tratar de buscar la cuarta dimensión, es lo que hace que tus escritos siempre sean interesantes y provechosos.
    Gracias y un abrazo..

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  2. De una forma y de otra, va creciendo ante mis ojos la figura, del estudioso y bien documentado fotógrafo, y al mismo tiempo el narrador profundo, humano y de una sensibilidad íntima, global , mística y buscador de lo esencial, que se ruboriza y se tapa con una vieja cámara.
    ¡Gracias de corazón Ricard!

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